Sensación de opresión en el pecho, nudo en la garganta, estómago encogido. Cada vez que cruzo la mirada con un viejito que pide dinero en la calle, que no tuvo la fortuna de ahorrar lo suficiente para su vejez, cuyos hijos lo abandonaron, en fin. No sé la historia. Pero los ojos de alguien pueden decir mucho más que una autobiografía impresa. Cada vez que veo a un niño inhalar cemento en una esquina. Cada vez que veo a un limpiaparabrisas que a su cortísima edad ya sabe qué es el rencor social. O no lo sabe. Pero lo vive, lo siente y le quebranta el alma.
Almas quebrantadas. Eso es lo que cosecha este país. Gente que no tiene esperanza, que encuentra en la calle, en el narcotráfico, en la delincuencia, en la facilidad de quitarle a otros lo que han ganado con esfuerzo un modo de sobrevivir. Porque no, no hay que engañarse. Eso no es vivir. Es sobrevivir, nada más.
Y, esto es lo que me parece peor de todo, hay veces en que sí encuentro maldad. Hay días en que se respira en el aire. No es que tenga poca fe en la humanidad, es que la humanidad se abandonó a sí misma hace mucho tiempo.
El miedo es punto y aparte. Me angustia mucho pensar que el miedo es por tradición el arma más paralizante que existe en el mundo. Y su control está en manos de unos pocos. El efecto es avasallador y constante. Eliminarlo es una tarea durísima, en todos los niveles.
Es increíble la capacidad de las personas para acostumbrarse a él y para tratar de minimizarlo para hacerlo llevadero. No queda de otra. ¿O sí?
La pregunta anterior es la peor. ¿Acostumbrarse? ¿Hacer algo? ¿Qué? En el año del bicentenario ¿qué vamos a celebrar? ¿qué vamos a hacer? ¿todo seguirá igual?
El resumen de todo esto es una profunda tristeza. Impotencia y tristeza. Desesperanza y tristeza. Melancolía y tristeza.
Quizás otro día, uno en que el mundo y sus calamidades duelan menos, podrá haber más respuestas. Hoy no. Hoy de verdad me conmueve y me duele el mundo.

1 comentarios:
gran entrada... aunque duela...
Saludos!
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